dijous, 2 / juliol / 2009

Orgasme número 24


Aterricé, literalmente. Extenuado. Diez horas encerrado en un avión de una pésima y muy española compañía aérea, rodeado de hormonas de ambos sexos con poca educación y acento colombiano, son demasiadas. Controlo a duras penas las ansias de estrangular a un joven tras otro con sus propios pañuelos de cuello y de colores, los que los identifican como ganado peligroso, y abandono suelo internacional. No me reciben ni nubes ni una imperceptible pero molesta lluvia fina, así que deduzco que no es aquí donde pasé mis últimos tres años, tres meses y tres días. Miro más atrás y me sitúo a duras penas. Muy duras. La complejidad del ejercicio memorístico me obligará a reinventarme; una vez más. Unos pocos minutos en coche, sin sándwiches minimalistas ni azafatas sobreactuadas, y a casa; la vieja, la nueva, la que no me obliga a pagar un alquiler. Todo es más complejo y hay poco donde agarrarse; y lo poco que hay lo fulmina un correo electrónico mal escrito. El mar cristalino estaba deliciosamente caliente, más que la arena blanca. El agua de la piscina está fría, ideal para meter la cabeza dentro y activar la memoria selectiva y esa parte del cerebro que le permite a uno ser creativo. Hay tiempo, pero la agenda pide a gritos que la rellenen con sentido. Aterricé, pero sigo sin poder poner los dos pies en el suelo.

divendres, 24 / abril / 2009

Somnis


Recordo somnis il·lògics i estranys entre els llençols calents i les energies intactes de primera hora del dia. No els escric, com ella em va recomanar, perquè llegir-los després del cafè ben negre i la dutxa d’aigua bullent només em serviria per constatar que aquell punt d’entranyable bogeria que tots tenim més o menys controlat cada dia va a més, i cada dia està més desbocada. Espais que fa anys que no trepitjo ocupats per individus que ja fa molt que es van allunyar. Terribles tragèdies que mai s’han donat i que, de succeir, suportaria amb excessives dificultats. Animals fantàstics i nans. Països llunyans i vides i mons impossibles. Tot fosc. Una nit rere l’altre. Tot angoixant. Caldrà canviar el llit. I ja posats, l’habitació, el pis, la ciutat i la meva vida. I a seguir somniant.

dilluns, 20 / abril / 2009

Orgasme número 23

Tiene pocas ganas de hablar, muy pocas, pero le pregunto y responde a regañadientes y medio susurrando. Quiere pensar que su egocentrismo es el justo y que no hablas de él, costeña. Quiere creer eso, añade, porque la otra opción no tendría sentido alguno: ni tú has llamado nunca por teléfono para solucionar nada, ni tu supuesta benevolencia ha sido el respirador artificial gracias al cual esto sigue vivo, o agonizando. Quiere creer, destaca, que no hablas de él porque tú nunca calificarías de ‘ridiculez’ el querer enterrar la mutua confianza con un seguido de ridículas mentiras. Desea creer, sentencia, que hablas de cualquier otro cuando exiges meritos sin ni tan siquiera preguntarte que has hecho tú para merecer más. Si los únicos motivos que te importan son los tuyos, si lo único que ves al otro lado es victimismo injustificado, la respuesta es sencilla: eterno. El silencio será eterno.

dilluns, 13 / abril / 2009

Orgasme número 22


Tumbado en la cama de un frío y lujosos hotel de Tokio, a altas horas de la madrugada, y acompañado por Scarlett Johanson y sus labios de ensueño, el siempre genial Bill Murray suelta una de esas frases que es recomendable memorizar: “cuanto más sabes quién eres, y lo que quieres, menos te afectan las cosas”. La frase la escribe Sofia Coppola, la puede escuchar uno en Lost in Translation y la escupe Bill respondiendo a una pregunta de Scarlett: “estoy perdida. ¿Esto tiene remedio?” Sí, remedio tiene, pero el problema es que mis años empiezan a dejarme claro quien demonios soy y, sobretodo, qué quiero. Quiero personas que me miren a los ojos, y no gente que se esconda, huyendo o callando. Quiero a los que dan, y no a los que se limitan a pedir. Quiero gente que crea en imposibles, que sueñe en colectivo, que vea más allá de sus pies. Quiero sinceridad, valentía. Eso es lo que quiero. Y descubrir que tú, ella o la otra no lo tenéis, empieza a no afectarme. Como a Bill, que al final de la película, besa esos labios… por primera y última vez.

dimarts, 31 / març / 2009

Orgasme número 21


Llega la primavera, escupe tres días de olvidado sol y agradables temperaturas y, con la gente ilusionada y la ropa de abrigo aparcada, se echa para atrás, recuperando sin previo aviso el cielo gris y esa lluvia imperceptible y tan molesta. Sirimiri lo llamamos aquí. ¡Maldita estación poco fiable! El libro en el banco del parque y el relajante masaje solar, para otro día. Hoy toca reclusión casera, con ruidos de aspiradora y lavadora centenaria de fondo. Y la colombiana de mil y un trabajos distintos y sonrisa crónica cantando una canción de amor de ritmo dudoso y rimas lamentables. Me siento, en silencio, escucho, cruzo el océano y allí me quedo, en una pequeña habitación de la caótica Bogotá, con ella, los dos debajo sus sabanas, pegados, ajenos al resto… el tiempo dejó de importar. Coge la plancha y sigue cantando, con más acento que antes. Un par de canciones más y compro el billete de avión.